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CONXITA OLIVER – “PEP FAJARDO O LA MEMORIA ARQUEOLÓGICA” 1991

La obra escultórica de Pep Fajardo (Barcelona 1961) artista aparecido recientemente con fuerza y personalidad en el panorama artístico catalán recientemente- nace de una necesidad interior, por lo que huye de la contundencia expresiva, valorando la contraposición y el diálogo abierto que se establece entre espacio vacío y espacio compensado, entre silencio y ocupación fragmentada del entorno.

Interesado por los ingenios mecánicos, artilugios, artefactos, la física recreativa y por la cultura arqueológica y científica – hélices, ruedas, aviones, velas de barco- el artista ha producido una iconografía lúdica y poética muy personal repleta de una gran nostalgia por el pasado. Transmutador de funciones, transgresor de situaciones, gran melancólico por lo lejano y soñador infatigable. Pep Fajardo insiste a menudo en la acentuación de la vertiente arqueológica de su obra dentro de un signo ancestral de vestigios marinos, de máquinas envejecidas por el paso del tiempo, de residuos industriales y recientemente de esqueletos y fósiles, siempre cargados de memoria, ya que lo que más le interesa es la huella, el rastro y la recuperación de posos culturales.

A pesar de la visión disfuncional que otorga a sus ingenios en cuanto a la negación de su utilidad, sus objeto
s poseen leves vibraciones, giros manuales que les otorga cierta flexibilidad, volatilidad, dinamismo y tono festivo.

Progresivamente ha ido simplificando extremadamente sus objetos, buscando la máxima sencillez, hasta llegar a la etapa actual en que su obra se ha convertido mucho más austera, sobria, lineal y de una gran pureza formal. Ha abandonado la anécdota para valorar rasgos sustanciales, ha dejado de lado el accesorio para abstraerse en líneas directrices.

Si en un principio partía de la cerámica como técnica y medio básico de su lenguaje tridimensional, progresivamente ha ido incorporando otras técnicas de ejecución mucho más directas y materiales más fácilmente manipulables para conseguir una expresión más flexible y que no sufriera el enfriamiento del largo proceso. Así, ha ido relegando la utilización de los fragmentos de material refractario que componía en ensamblajes, para dar paso a la madera quemada, a la lona tratada con pigmentos y al cemento que engarza en ligeras estructuras de hierro. El resultado que consigue son obras etéreas e ingrávidas que se dibujan en el aire y se integran en el espacio que las acoge.

Estas ligeras construcciones de Pep Fajardo potencian constantemente la contraposición de fuerzas en un juego de tensiones que nunca se convierte en cerrado y racional, y en un discurso basado en buscadas dislocaciones, desarticulaciones, desencajes y en imprevistos desplazamientos de ejes que provocan un efecto de inestable equilibrio. Para él la geometría y la simetría es un pretexto para construir, pero su utilización nunca es literal sino que se emplea en sentido metafórico. La composición descompuesta, aquella cierta arritmia le sirven para que su escultura entre en un cierto tránsito permanente.

El eco del mundo urbano e industrial, enriquecido con latidos mágicos y enigmáticos, configuran unos divertimentos, unos objetos poéticos que congelan el tiempo y el espacio cotidianos y reales para recuperar un nuevo tiempo y un nuevo espacio plenamente subjetivos y extremadamente sugerentes.

Conchita Oliver

Del catálogo de la exposición “OBRA RECIENTE”, en la Fundación Cultural de la Caixa de Terrassa.
Terrassa. Barcelona. Noviembre 1991.

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